Anónimo:

Raquel, en terapia contigo sentí por primera vez que no tenía que demostrar nada. Pude mostrarme tal y como estaba, incluso en mis momentos más vulnerables. Tu forma de acompañar con tanta sensibilidad y respeto hizo que el proceso fuera profundamente reparador. Nunca sentí que minimizases lo que me dolía ni que me empujaras a ir más rápido. Me ayudaste a reconstruir la relación conmigo misma. Eternamente agradecida.