Anónimo:

Llegué a terapia con una relación muy mala con la comida y conmigo misma. Sentía mucha culpa y vergüenza, y me costaba incluso poner palabras a lo que me pasaba. Con Raquel empecé a entender que mi dificultad iba mucho más allá de la comida y del cuerpo y fue la primera vez que pude mirar mi historia con más compasión y a tratarme con cariño.