Construir un vínculo tóxico puede ser un proceso muy gradual y silencioso en el que, si no nos mantenemos alerta desde un primer momento para detectar dinámicas de (mal)vinculación, puede ser el caldo de cultivo perfecto para asentar y normalizar actitudes desadaptativas en la pareja.

A lo largo de una relación, especialmente en las fases iniciales en la sque nuestra capacidad de raciocinio puede verse nublada por los propios efectos del enamoramiento, es muy importante mantener activada la parte racional que nos permita detectar esas banderas rojas que no podemos pasar por alto y valorar en cada momento si lo que nos está aportando la otra persona es lo que realmente queremos

Algo en lo que hago mucho hincapié en consulta es en la distinción entre la parte racional y emocional que todos poseemos, como si fuesen dos voces que de vez en cuando entran en conflicto y percibimos como una lucha interna. En primer lugar, tenemos a la parte racional. La parte racional es aquella que, en una relación tóxica, probablemente nos diga “no es aquí”, “sabes que esto no está bien”, “no te mereces algo así”, etc. Mientras que, por otro lado, tenemos a nuestra querida parte emocional. La parte emocional es aquella que está marcada por todo nuestro pasado y heridas emocionales, y, por ello, se encargará de mantener el vínculo a toda costa.

De aquí surge la importancia de crear vínculos sanos en las relaciones con los demás y con nosotros mismos para no perdernos por el camino. Nuestra historia personal define nuestra manera de relacionarnos, sobre todo en las relaciones sentimentales en las que podemos vernos más vulnerables y nuestras heridas emocionales determinan nuestra conducta para evitar que se cumplan nuestros peores temores.

Para profundizar en las relaciones y construir vínculos sanos, es necesario que nuestra pareja conozca nuestras vulnerabilidades.

El problema surge cuando evitamos que la otra persona sea consciente de nuestras vulnerabilidades por miedo a que puedan reabrir a la par que reforzar estas heridas. En la mayoría de los casos, termina produciéndose el fenómeno de la profecía autocumplida. ¿De qué se trata? Imagínate que una persona teme profundamente el rechazo o el abandono. Probablemente, todos sus esfuerzos conscientes e inconscientes irán dirigidos a impedir que esto suceda, volcando gran parte de su energía emocional y haciendo que todo su mundo dependa de la pareja. Por ejemplo, pasará a invertir mucho tiempo en cuestionarse si todo va viento en popa en la relación, buscará señales que puedan significar un cambio de actitudes en el otro, tratará con frecuencia de asegurarse de si es queridx, y un largo etc. Esta falta de confianza que en un primer momento generó el miedo al rechazo o abandono, puede terminar por abrumar a la otra persona y hacer que ese temor, termine por cumplirse.

¿Y si fuese al contrario? Imaginaos que, por ese mismo miedo al rechazo o abandono, la persona se encuentra nuevamente buscando señales que pongan peligro la relación, las detecta y automáticamente se aleja poniendo distancia de por medio ¿qué crees que terminará pasando en este caso? Como decía anteriormente, la profecía autocumplida es casi una constante en este tipo de relaciones. Ese miedo inicial desarrolla dinámicas desadaptativas en la pareja que terminan por dañarla y, si no se soluciona a tiempo, se rompen.

Entonces ¿qué podemos hacer para crear vínculos sanos?

  • Conocer nuestro pasado y entender por qué nos relacionamos como nos relacionamos con los demás.
  • Comprender y validar nuestras heridas emocionales y qué mecanismos desadaptativos ponen en marcha.
  • Compartir nuestra historia, nuestras heridas y nuestros miedos con nuestra pareja.
  • Mantener intactos los límites individuales que no pueden sobrepasarse en la relación.
  • Mantener la individualidad sin volcarse plenamente en la pareja: amistades, aficiones, gustos, proyectos, etc.